Valle de Ricote

El Valle de Ricote

El Valle de Ricote es una comarca de la Región de Murcia, que da su nombre al accidente geográfico producido por las montañas de la Sierra de Ricote, sierras de Ulea y Blanca, con el cauce del Río Segura.

Comprende los pueblos de Cieza (Las puertas del Valle de Ricote), Abarán, Blanca, Ojós, Ricote (Capital del Valle), Ulea y Villenueva del río Segura. En el caso de Cieza sólo es una pequeña parte del municipio lindando con Abarán.

Es una comarca rica en frutales, en donde se recolectan los Albaricoques más famosos y tempranos del mundo. En algunas ocasiones se han iniciado procedimientos para formar una denominación de origen propioa: “Albaricoque del Valle de Ricote”, pero nunca se ha llegado a tal fin.

El valle es uno de los lugares más espectaculares de la Región de Murcia, siendo el último reducto morisco, que fue expulsado por los cristianos.

Historia del Valle de Ricote.

En el mes de julio del año 711 a orillas del río Guadalete murió Rodrigo, el último rey visigodo, atacado por un pequeño ejército de árabes y bereberes.

Con su muerte se iniciaba la Edad Media en España y el poder del reino musulmán de Al-Ándalus que perduraría durante 800 años. Ocho siglos de permanencia árabe que han marcado el pasado y el presente de la Región de Murcia dejando un sustrato de cultura, tradiciones y convivencia entre culturas que ha llegado hasta nuestros días.

El Valle de Ricote está situado en el corazón de la Región de Murcia en la cuenca media del río Segura. Ulea, Blanca, Ojós, Villanueva del Río Segura, Archena, Abarán y Ricote son las poblaciones que integran este valle fértil y agrícola.

En sus habitantes, gente amable y acogedora se aprecia una especial devoción por guardar su legado más preciado. “El Valle”, con su historia, su tierra y su modo de vida. Para entender los orígenes musulmanes del Valle de Ricote damos un salto en el tiempo y nos trasladamos a un día cualquiera del siglo IX d.C.

Época de esplendor del Valle de Ricote. Los Árabes

Nos encontramos a orillas de Ricote, un pequeño núcleo defensivo germen de lo que posteriormente sería un próspero poblado árabe y actualmente es la población de Ricote.

De sus duros comienzos podemos imaginar tan sólo un pequeño grupo de soldados musulmanes que subsisten con escasos víveres, pero con el ánimo de servir al reino Andalusí que se expande poco a poco por la Península Ibérica.

Los árabes, pueblo experimentado en el diseño y construcción de obras de ingeniería hicieron del río Segura su fuente de subsistencia y base de su economía. Esto facilitó el paso del nomadismo al sedentarismo propiciando el nacimiento de nuevos núcleos de población.

Construcciones medievales agrícolas

Las tierras fértiles del valle hicieron prosperar a la población musulmana y el núcleo defensivo pasó a convertirse paulatinamente en un pequeño poblado cuyas gentes cultivaron la tierra aprovechando los beneficiosos recursos del río Segura. Mediante la construcción de azudes, pequeñas presas de agua y norias rudimentarias se consiguió canalizar el agua por una extensa red de acequias permitiendo el cultivo de cereal, viñedos y olivos, así como el desarrollo de una prospera industria textil con el cultivo del vino, algodón o morera.

Se construyeron otras edificaciones relacionadas con la actividad agrícola como el granero fortificado de Andarax, del siglo XI, situado entre las localidades de Blanca y Abarán. Única construcción de estas características hallada en la Península Ibérica. Esta fortificación erigida 250 metros en lo alto del Cerro de la Cobertera almacenaba el grano recolectado en las prósperas tierras adyacentes y lo protegía de robos e incursiones indeseadas.

El Castillo de los Peñascales. El castillo de Ricote

Pero en la historia ha quedado recogido de forma especial el castillo de los Peñascales como escenario de grandes acontecimientos históricos y epicentro de episodios decisivos en el devenir de los habitantes del valle.

Esta fortaleza presentaba tres sectores bien diferenciados por sucesivas líneas de muralla. Del primer recinto sólo se conservan algunas estructuras murarias, un aljibe y numerosos restos cerámicos que indicaron la existencia de poblamiento estable en su interior. El segundo recinto era un amplio espacio murado de forma poligonal y de aproximadamente 3.000 metros cuadrados de superficie. Un lugar donde los habitantes de la zona podían refugiarse con sus bienes y ganados. Los restos de muralla conservan unos alzados que no superan los 2 metros. Su acceso se situó en el flanco oriental del recinto a través de una puerta que forzaba una entrada en recodo.

El tercer recinto se situaba en lo más alto del monte, siendo la construcción más inaccesible y, por tanto, el último reducto de defensa.

Posteriormente, y ya bajo dominio cristiano, se levantó una majestuosa “Torre del Homenaje” en el centro de este recinto.

A finales del siglo IX, el Emir de Al-Ándalus Abdalá I de Córdoba ejercía un implacable gobierno basado en las antiguas leyes del califato de Bagdad.

Los muladíes, o nuevos musulmanes, junto a cristianos convertidos al Islam, llamados mozárabes, se rebelaron contra esta autoritaria forma de gobernar.

Las batallas fueron extremadamente encarnizadas entre musulmanes de ambos bandos. Las crónicas de Ibn Hayan relatan cómo las tropas cordobesas del Emir Abdalá sitiaron el castillo. “Las tropas Omeyas se dedicaron a asolar el territorio de Tudmir, el ejército se dirigió a la fortaleza de Rikut que ofreció una gran resistencia. Los Omeyas consiguieron apoderarse del primer recinto pero cuando algunos regresaban al campamento cargados de botín… se produce un contraataque del enemigo que ocasiona muchas bajas en el ejército Omeya.”

Las sucesivas derrotas por todo Al-Ándalus sufridas por el régimen del Emirato de Córdoba dieron paso al esplendor de una nueva dinastía Omeya: “El Califato de Córdoba”.

En el siglo XI, el norte de España se fragmentó en tres reinos cristianos, Castilla, Navarra y Aragón.

Ibn Sabin. Filósofo del Valle de Ricote

Mientras en el sur, el reino musulmán de Al-Ándalus vivía su época de esplendor. Uno de los pensadores, filósofo y científico más importante de la historia de Murcia surgió en aquel siglo de oro, se llamó “Ibn Sabín” hijo de una familia rica y muy bien posicionada socialmente. Desde niño se interesó por escuchar y aprender de la pequeña comunidad de filósofos y pensadores que vivían en Ricote. Allí estudió Humanidades y el Corán. Desde muy joven fundó su propia cofradía para comenzar a enseñar y dar a conocer sus pensamientos y escritos. Pronto, sus ideas se esparcieron por Al Ándalus y los reinos árabes hecho que le hizo viajar desde joven hasta Ceuta donde fundó la Secta de los Sabiníes. Su peregrinar le hizo llegar hasta La Meca, en Arabia Saudí, donde murió a la edad de 67 años.

Periodo Sangriento de Ibn Hud

Pero mientras Ibn Sabín se dedicaba a divulgar el conocimiento árabe Ibn Hud, un revolucionario gobernante musulmán, preparaba el asalto al poder Andalusí. Este musulmán, nacido en Zaragoza y descendiente de una familia de alto linaje, siempre estuvo en desacuerdo con la radical forma de gobernar de los Almohades, sucesores de los Omeyas, y canalizó el descontento de su pueblo a través de las armas.

La sangre bañaría de nuevo el valle de Ricote y no sería la última vez.

Una calurosa mañana del año 1228, al pie del castillo de Ricote Ibn Hud clavó su lanza en la seca tierra dispuesto a la batalla.

Con él, un grupo de soldados ricoteños esperaban la orden del insurrecto general para atacar las defensas de los soldados almohades. La batalla fue rápida y cruel, e Ibn Hud salió victorioso.

Su revuelta se extendió por todo el Reino de Murcia. Después, ciudades como Córdoba, Sevilla, Málaga o Almería fueron sometiéndose a su mandato.

Sin embargo, desde el norte de la península el poder cristiano avanzaba. La reconquista progresaba y tomó más fuerza cuando en 1238 Ibn Hud fue asesinado, diez años después de su levantamiento.

La muerte de Ibn Hud fue el principio del fin del reino musulmán de Al-Ándalus en los siglos posteriores.

Viajamos ahora a la segunda mitad del siglo XIII.

Las tropas cristianas bordean los límites de la Murcia musulmana. Están a punto de iniciar sus primeras incursiones en territorio árabe. La caída de Ibn Hud y la rápida sucesión de distintos gobernantes locales sumieron al valle de Ricote en una profunda crisis política, militar y económica y se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para que las tropas cristianas penetraran en estas tierras iniciando así su reconquista.

Época de Alfonso X y el Pacto de Alcaraz

En 1243, el bando cristiano, encabezado por el Infante Don Alfonso y el bando musulmán, formado por numerosos gobernantes locales, incluido el de Ricote, firmaron el Pacto de Alcaraz. Con ello capitulaban ante la supremacía de Castilla.

La mitad de las rentas públicas y las fortalezas pasaron a manos de los castellanos, entre ellas, el castillo de Peñascales, Blanca y Ojós. A cambio, los castellanos protegerían a los musulmanes, ahora llamados mudéjares, que quisieran vivir en las tierras conquistadas.

Al Ricotí. Otro pensador ricoteño

Prueba de esta tolerancia fue la aparición de otro gran pensador nacido en Ricote. Su nombre, “Al Ricotí”, y al igual que su coetáneo Ibn Sabín, estuvo muy influenciado por la comunidad de pensadores y filósofos que vivían en Ricote. Cuando comenzó a difundir su pensamiento Al Ricotí fue requerido de inmediato por otro ilustre pensador, el Infante Don Alfonso.

El encuentro entre dos pensadores de dos culturas tan diferentes fue un momento histórico.”Es un honor aprender de sus conocimientos” El Infante Don Alfonso fundó entonces la Madrassa, un centro de estudios donde Al Ricotí desarrollaría su pensamiento y lo difundiría por la capital del Reino.

La Madrassa, concebida como un centro del conocimiento y núcleo de pensadores, fue el germen que evolucionado a través de los siglos daría origen a la actual Universidad de Murcia.

Durante este tiempo, Alfonso X trató de convencer, sin éxito a Al Ricotí para que se convirtiera al cristianismo. La insistencia de éste hizo que Al Ricotí, presionado, aceptara la invitación del monarca Nazarí de Granada para trasladarse a esa ciudad.

Revuelta musulmana en Murcia

Mientras los problemas para Alfonso X crecían en el Reino deMurcia

El rey, incumpliendo los acuerdos del Pacto de Alcaraz, había realizado cambios sociales que provocaron el descontento de la población árabe y culminaron con una revuelta mudéjar en el año 1264.

El valle de Ricote se convirtió en bastión y lugar estratégico de la revuelta.

De inmediato, Jaime I inició la reconquista del Reino de Murcia y el control del valle de Ricote tomando el castillo de los Peñascales y el pueblo de Ricote sin apenas resistencia de los mudéjares. La reconquista del rey aragonés Jaime I y su posterior sucesor Jaime II contó con la ayuda de distintas órdenes religiosas como la Orden del Temple y la Orden de Santiago cuyas recompensas no se hicieron esperar.

La orden de Santiago recibió territorios murcianos como el castillo de Moratalla, la plaza fuerte de Aledo, o el valle de Ricote, entre otros el castillo de Blanca, construido por los árabes en el siglo XII se convirtió en el símbolo del poder señorial de esta Orden.

En la actualidad, elevado sobre la sierra de Solán, apenas queda una muralla y varios torreones de una magnifica fortificación, que durante el siglo XIII estuvo muy disputada por distintos gobernantes cristianos que se repartieron el reino de Murcia.

Sólo la población de Archena tuvo un gobierno diferente dirigido por la orden de San Juan de Jerusalén.

La Orden de Santiago fue una orden religiosa y militar surgida en el siglo XII en el Reino de León. Debe su nombre al patrón nacional de España, Santiago el Mayor. Su objetivo inicial era proteger a los peregrinos del Camino de Santiago y hacer retroceder a los musulmanes de la Península Ibérica.

La insignia de la Orden es una cruz gules simulando una espada con forma de flor de lis en la empuñadura y en los brazos.

Los comendadores de Ricote se hicieron con el control de los molinos de harina y los hornos dirigiendo la elaboración de los productos agrícolas y manufacturas textiles.

Establecieron el culto en las iglesias con devoción a Santa María, Santiago y San Sebastián. La iglesia parroquial de San Sebastián de Ricote, situada en el centro de la villa, es un buen ejemplo de ello. La parroquia fue levantada y costeada a expensas de la Orden de Santiago, cuya presencia iconográfica se hace evidente tanto en la iglesia como en el resto del pueblo.

Fue el regreso de la religión cristiana a los territorios musulmanes uno de los motivos principales que marcó el inicio de la grave crisis del pueblo árabe en todo Al-Ándalus.

En 1491, Boabdil, último rey Nazarí de Al-Ándalus capituló ante los Reyes Católicos. Negoció la entrega de Granada el 25 de diciembre de ese mismo año y consiguió que los cristianos aceptaran una serie de leyes y derechos basados en el respeto y la igualdad entre culturas.

Sin embargo, esta situación fue difícil de sostener para ambos bandos y de inmediato provocó enfrentamientos entre musulmanes y cristianos que llevaron a la Corona de Castilla a firmar un nuevo tratado el 14 de Febrero de 1502 por el cual se obligaba a todos los musulmanes a convertirse al cristianismo. Quien no lo hiciese sería expulsado de la Península Ibérica.

Esto motivó que durante el siglo XVI las conversiones al cristianismo por parte de los mudéjares fuesen numerosas. A estos nuevos cristianos se les llamó moriscos.

El rápido aumento de cristianos y fieles conversos hizo que pronto quedaran pequeñas las parroquias, lo que propició la construcción de iglesias a lo largo de todo el valle como las de Villanueva del Río Segura, Ojós o Blanca.

Los moriscos convivían con los cristianos y las encomiendas comenzaron a ser prósperas y ricas gracias a la bonanza de la tierra y al trabajo de la población morisca en la agricultura.

Los árabes de la Península Ibérica nunca imaginaron lo que estaba a punto de ocurrir.

Época de Felipe II y la expulsión definitiva de los Moriscos

Nuestro viaje en el tiempo nos conduce a principios del siglo XVII. Por todo el territorio español la Inquisición comenzó a verlos como herejes porque se convertían al cristianismo sin fe manteniendo las tradiciones sociales y religiosas propias de la religión musulmana.

Enfrentados con los cristianos, rechazados por la Corona y juzgados por la Iglesia, los moriscos se convirtieron en una masa explotada y repudiada, objeto de toda clase de sospechas. Esta situación se hizo tan insostenible que dio motivos a Felipe III para que el 4 de abril de 1609 firmara el decreto por el que los moriscos debían ser expulsados de España.

El valle de Ricote iba a perder a quienes habían sostenido su economía, habían hecho fértil el valle y habían difundido la cultura y la filosofía durante 800 años.

Los moriscos de Ricote llegaron a rogar al rey su clemencia y magnanimidad. Se habían integrado socialmente durante siglos produciéndose una simbiosis entre cristianos y moriscos que iba más allá de la religión. Pero el rey no estaba dispuesto a claudicar y las expulsiones definitivas comenzaron en diciembre de 1613. Desde Abanilla a Fortuna salieron cerca de 1.700 moriscos oriundos, más de 2.500 fueron expulsados del valle de Ricote, 1.000 de Pliego, y otros tantos de las pedanías de Javalí, La Ñora o La Raya.

Quedaron prácticamente deshabitadas poblaciones como Ceutí, Campos del Río, Lorquí y Las Torres de Cotillas. Clandestinamente, muchos de los expulsados, acabaron volviendo a escondidas y permanecieron ocultos durante siglos en el valle de Ricote, Albudeite, Fortuna y Abanilla.

Aun así, la gran mayoría de los moriscos embarcaron en el puerto de Cartagena rumbo a las tierras del norte de África para no regresar jamás.

Las aguas del río Segura son testigo de un viaje en el tiempo que ha marcado y marcará la historia de nuestra región en el presente y en el futuro.

En el corazón del Reino de Murcia late la verdadera historia de un pueblo cuyos protagonistas han sido hombres de valor y fortaleza, intelectuales avanzados en su tiempo, pioneros en el aprovechamiento de los recursos naturales y grandes guerreros cuyos nombres han pasado a la historia de Murcia y de España.

Ese corazón que aún late, está situado en un valle privilegiado, origen, germen y desarrollo de leyendas, costumbres, cultura y pensamiento aún arraigados en las raíces de esta tierra y en los habitantes que pueblan el Valle de Ricote.

(Extracto histórico recogido de la transcripción de los videos de la Fundación Integra)

Fiestas en el Valle de Ricote:

Las fiestas más destacadas del Valle de ricote son en honor a los patronos y patronas de cada municipio.

Así destaca la festividad de San Roque, celebrada en los pueblos de Villanueva del Río Segura y de Abarán, San Sebastian, en Ricote, San Agustín en Ojos, San Cosme y San Damian en Abarán y San Bartolomé y la Santa Cruz en Ulea.

Lugares emblemáticos del Valle de ricote

El Salto de la Novia

Se trata de un barranco sobre el río segura, donde cuentan que la hija del Rey Moro de Ricote se fugó con su enamorado, y cuando volvían a caballo perseguidos por la guardia real, en esa misma curva el caballo resbaló y los enamorados cayeron por el barranco hasta el río. La leyenda dice que en la noche de San Juan, si miras al río a media noche, se pueden ver las estelas de los dos enamorados dibujadas en el río.

Pantano de Ojos o Azud de Ojos.

Se trata de una obra de ingeniería realizada sobre el cauce del Río segura, para, por un lado, elevar agua a los dos cauces del Trasvase Tajo – Segura, y por otro lado para

Pila de la reina Mora

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